Declaración Pública de Sochipsico a raíz del «Caso Quemados»

Ante la contingencia que enfrenta Chile a raíz de las nuevas indagaciones en el llamado «Caso Quemados» -tras la declaración del ex conscripto, Pedro Franco Rivas-, la Sociedad Chilena de Psicología Comunitaria (Sochipsico) ha generado una declaración pública para dar a conocer su visión respecto a este hecho. A continuación el documento íntegro realizado por esta organización.

 

DECLARACIÓN PÚBLICA

Como Sociedad Chilena de Psicología Comunitaria queremos manifestar a la opinión pública nuestra conmoción por los hechos acontecidos en torno al caso “quemados”. La confesión de Fernando Guzmán, ex soldado del Ejército acerca de aquellos horrorosos sucesos del 2 de julio de 1986, ha aportado datos importantes para que el caso se reabra y los tribunales puedan procesar a militares en retiro que participaron en este hecho. Este acontecimiento vuelve a colocar en el centro de la noticia los crímenes cometidos en dictadura, los que mantienen heridas abiertas en las familias de las víctimas y en nuestra sociedad en su conjunto. Nos devela cómo siguen operando las redes que amparan crímenes cometidos durante la dictadura militar.

El pasado, nuestra historia está aquí, y nos define en lo que somos y en lo que podemos construir. No podemos seguir en silencio como simples espectadores, dejando al tiempo y al esfuerzo desesperado de los familiares la búsqueda de justicia. Nos duelen los “rodrigos” que perdimos, las “carmen glorias” que no defendimos y las “verónicas” que no acogimos. Nos compete a todos los ciudadanos no permitir que el silencio y la falta de compromiso por la justicia dejen en el olvido acontecimientos como este.

Este homicidio forma parte de un conjunto de acontecimientos propiciados en una brutal dictadura. Quienes tomaron el poder por la fuerza violaron sistemáticamente los derechos más fundamentales de las personas, validando las acciones más horribles que puede cometer el ser humano. Singularizar sin embargo, nos permite reconocer a las personas en sus biografías, en sus individuales y humanos dolores, en sus luchas y en sus apuestas por un país mejor. Reconocemos en Rodrigo a un joven que vino a Chile con la convicción de querer ayudar a la gente de su país, siendo testigo y dando testimonio de los acontecimientos invisibilizados por los organismos de represión y comunicación manipulados por la dictadura. En Carmen Gloria, reconocemos a una mujer valiente que no solo sobrevivió al horror de ser quemada junto a Rodrigo, sino que es hoy una psicóloga que sigue luchando desde afuera de nuestro país por sus principios y los derechos humanos. Vemos en Verónica Denegri – luchadora política, detenida, torturada y exiliada a comienzos de la Dictadura de Pinochet- el testimonio en vida de la búsqueda de la verdad y la justicia, ella hoy sigue luchando no solo por la justicia de su hijo, y nos interpela con su ejemplo a demandar que la verdad sea esclarecida para cada una de las atrocidades cometidas en dictadura.

Entendiendo en contexto los impactos del abuso del poder en las biografías de las personas, sus familias y en la comunidad extendida, necesitamos reafirmar valores y prácticas de defensa a la vida, a la verdad y por supuesto a la justicia. No podemos seguir amparando la violencia, el silencio y la impunidad, ni justificar lo injustificable.

En esa perspectiva debemos reconocer que lamentablemente no se trata sólo de lo que se hizo o dejo de hacerse en los diecisiete años de dictadura, ha transcurrido un cuarto de siglo más de impunidad y atropello a los derechos de las personas que fueron víctimas. Son los cinco gobiernos que le sucedieron, quienes llevan esta carga que tanto nos pesa como pueblo hoy día. Los crímenes cometidos, los pactos de silencio que se firmaron por largos años (sin el consentimiento real de las víctimas) después que las personas afectadas dieron su testimonio, forman parte de la estrategia más nefasta con que las instituciones de un pueblo pueden enfrentar un pasado de sangre y crimen. Si no hay justicia y hay encubrimiento para negociar la reparación, NO hay medida de lo posible que pueda sanar las heridas. Eso es lo que estamos aprendiendo, eso es lo que hoy día, nos está explotando con fuerza.

Sin perder lo avanzado, pero sin olvidar cuanto falta aún, nuestro llamado es a construir nuevos espacios de convivencia, que desde la verdad y la justicia, generen condiciones personales y colectivas para que nunca más en este país se permita ocurran hechos como el “caso quemados” . Para que nunca más los militares maten, persigan y torturen a compatriotas, para que nunca más los medios de comunicación dejen de decir la verdad, para que nunca más las redes de corrupción e impunidad se alimenten del dolor, el abuso y la denigración humana. Para que nunca más las instituciones de justicia y las autoridades dejen de cumplir con su deber.

Queremos y necesitamos un país que respete a su gente, con instituciones que se rijan por la ética y la probidad, con políticos y autoridades con vocación real de servicio público. Un país que ofrezca condiciones para una vida digna y oportunidades de desarrollo. Un país para crear y confiar, con ciudadanos que respeten a los otros y a su entorno, que no se transformen en simple masa para sostener un sistema depredador. Necesitamos ser y construir una comunidad solidaria y deliberante, crítica y constructiva.

alsino

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